Sin agua no hay vida posible. Es un bien preciado, indispensable para toda la actividad humana. La calidad del agua debe ser preservada de acuerdo con normas adaptadas a los diversos usos previstos, y satisfacer, especialmente, las exigencias sanitarias. Los recursos hídricos deben inventariarse. El agua es un patrimonio común cuyo valor debe ser reconocido por todos.
Cada uno tiene el deber de utilizarla con cuidado y no desperdiciarla. Los recursos de agua dulce no son inagotables. Es indispensable preservarlos, controlarlos y si es posible, acrecentarlos. Cuando las aguas después de utilizarlas, se reintegran a la naturaleza, no deberán comprometer el uso ulterior, público o privado que se ella se haga. la protección de las aguas implica un importante esfuerzo, tanto en la investigación científica, como en la preparación de especialistas y en la información del público. La administración de los recursos hidraúlicos debiera encuadrarse más bien en el marco de las cuencas naturales que en el de las fronteras administrativas y políticas.
Alternar la calidad del agua es perjudicar la vida del hombre y de los seres vivos que de ella dependen. El mantenimiento de la cobertura vegetal adecuada, preferentemente forestal, es esencial para la conservación de los recursos hídricos. Para una adecuada administración del agua es preciso que las autoridades competentes establezcan el correspondiente plan hidrológico. El agua no tiene fronteras, es un recurso común que necesita de la cooperación internacional.